28 de octubre de 2008

YACIMIENTOS PLEISTOCENOS EN EXTREMADURA


Los asentamientos de grupos humanos neardentales en función de los materiales líticos y su ubicación espacial.

© Copyright JUAN GIL MONTES 2008


I. EL TERRITORIO


I.1. Características geográficas

Durante el Pleistoceno Medio, periodo comprendido entre -700.000 y -100.000 años de antigüedad, el paisaje de la región extremeña se configuraba de acuerdo con los siguientes condicionamientos físicos y biogeográficos:

  • Nuestra natural posición geográfica en el extremo occidental de la submeseta meridional.
  • La proximidad atlántica, con dominio del anticiclón de Las Azores, que proporciona al territorio extremeño uno de los índices de radiación solar peninsulares más elevados.
  • Una geología compleja, donde afloran las rocas más antiguas de la península fuertemente erosionadas, plegadas y fracturadas, con extensas y profundas cuencas lacustres rellenas de sedimentos detríticos modernos.
  • Su topografía, con altitudes medias relativamente bajas, con predominio de las llanuras y las penillanuras. Un territorio de amplios horizontes, sin fronteras netas, con gran accesibilidad y permeabilidad para las diferentes especies de animales y de homínidos.
  • El clima regional, determinado por esta posición geográfica y nuestra orografía, se caracterizaría, al igual que hoy, por veranos de elevadas temperaturas y escasas lluvias que dan paso gradualmente a suaves y prolongados inviernos con precipitaciones no muy abundantes en la mayor parte del territorio.
  • Variados ecosistemas de rica diversidad biológica, con claro desarrollo de los bosques abiertos de quercínias, que ofrecen gran resistencia a las escasas lluvias y a las elevadas temperaturas estivales, así como el crecimiento estacional en los claros de extensos y ricos pastizales de invierno y primavera.
  • Existencia de rutas naturales, frecuentadas por las migraciones periódicas de grandes herbívoros, que buscarán el alimento entre los pastizales de invierno y primavera de las depresiones del Tajo y del Guadiana y los de verano de la meseta del Duero y del Macizo Central.
Es en este paisaje marco en el que se incorporan los homínidos, como especies cazadoras y recolectoras, dependientes para su supervivencia tanto de los grandes herbívoros como de los frutos de los bosques abiertos de quercínias.

Los ricos pastos de la penillanura extremeña atraen las migraciones
de los grandes herbívoros
del Pleistoceno


I.2. Características geológicas


Desde un punto de vista geológico la región extremeña si sitúa en las zonas Centroibérica y de Ossa Morena del Macizo Hespérico de la península Ibérica. Lo más característico de esta región cratonizada es la existencia de amplias penillanuras en las que afloran rocas muy antiguas de la era arcaica: pizarras y grauvacas, separadas por estrechos sinclinorios ocupados por rocas de la era primaria: cuarcitas, pizarras, calizas , areniscas y conglomerados.

Estos materiales paleozoicos fueron plegados durante la orogenia hercínica, a finales del periodo carbonífero -con una dirección dominante NW-SE, típica del relieve apalachiano extremeño- constituyendo las Sierras de San Pedro, Las Villuercas, Monfragüe, Tentudía, Hornachos, etc.

No existen, sin embargo, terrenos del mesozoico, era geológica durante la cual la región estaba ya emergida y en consecuencia, sometida a un arrasamiento generalizado que se prolongó durante toda la era terciaria.

Otra característica de esta región es la profusión de grandes plutones graníticos, orientados también en la dirección hercínica: Batolito de Araya, Batolito de los Pedroches, etc.; que han quedado al descubierto por los fenómenos erosivos y tectónicos llevados a cabo durante las eras secundaria y terciaria.

En la era terciaria, el Escudo Hespérico sufrió los efectos de la orogenia alpina y se fracturó en numerosos bloques, algunos de los cuales se hundieron originando profundas fosas o depresiones lacustres bien definidas, que posteriormente se rellenaron de materiales detríticos: arcillas, arenas y gravas de la fosa del Tajo-Tiétar, fosa del Alagón, depresión del Guadiana, etc.

Durante el pliocuaternario estas depresiones tectónicas terminaron colmatándose con los materiales cuarcíticos de las “Rañas” y, sobre ellos, se instala la red fluvial actual que los disecciona y los moviliza a través de sus cauces, creando varias terrazas con abundantes cantos rodados de cuarzos y cuarcitas.


I.3. Geomorfología

Dada su amplitud, la penillanura extremeña es el rasgo geomorfológico que otorga más personalidad al territorio que se extiende entre las alineaciones montañosas del Sistema Central de Gredos, al norte, y las estribaciones de Sierra Morena al sur. Territorio surcado de este a oeste por dos grandes arterias fluviales: el Tajo en la provincia de Cáceres y el Guadiana en la provincia de Badajoz. Separando ambas cuencas hidrográficas se encuentran las elevaciones, arrasadas y desconectadas, de las Sierras de Las Villuercas, la Sierra de Montánchez y la Sierra de San Pedro.

La penillanura que se extiende alrededor de estos macizos orográficos se desarrolla en torno a los 400 metros de altitud, con una suave inclinación occidental que determina el flujo de toda la red fluvial hacia el Atlántico.

La penillanura trujillano-cacereña, originada sobre pizarras y granitos, se eleva lentamente mediante un movimiento epirogénico, lo que provoca que el río Tajo y su red hidrográfica se encaje en ella creando un profundo foso o “Ribero” de laderas muy escarpadas que solo puede ser vadeable en invierno en lugares muy puntuales, como Alconetar y Alarza, donde se localizan abundantes instrumentos líticos del pleistoceno medio, prueba indudable de la presencia de los homínidos en ambas márgenes de estos dos vados.

El Guadiana, después de cruzar los portillos de Cíjara y Puerto Peña se abre paso por extensas vegas, fácilmente vadeables, asentadas sobre los materiales terciarios de facies continental depositados en las depresiones Sereniana (Vegas Altas) y Augustana (Vegas Bajas) que constituyen hoy una rica comarca agrícola. Lo mismo cabe decir de las Vegas del Alagón y del Tietar, afluentes del Tajo, pero no tan encajados como éste y que circulan por los terrenos de facies lacustres de sus respectivas fosas tectónicas.

En todas estas vegas se extienden amplios depósitos aluviales de recubrimiento, con abundantes cantos rodados de cuarcitas y otras rocas duras, que fueron aprovechadas por los homínidos del pleistoceno medio para tallar sus herramientas.

Familia de Neardentales del Pleistoceno Medio


II. LITOLOGIAS: LAS MATERIAS PRIMAS



La caracterización litológica de las “materias primas” que utilizaron los homínidos del pleistoceno medio para confeccionar sus instrumentos abarca todos los materiales rocosos que ofrecen una elevada consistencia y dureza; tanto los pertenecientes al paleozoico (cuarcitas), como los de determinadas rocas filonianas (cuarzos y lamprófidos) y metamórficas (corneanas); así como los depósitos terciarios de naturaleza silícea (silex).

Las principales características estratigráficas, petrográficas y geomorfológicas de estas rocas, relacionadas con sus posibles aplicaciones durante el Pleistoceno, se describen a continuación. (Mapa Geológico de Extremadura: http://sinet3.juntaex.es/sigeo/web/run.asp).


El complejo esquisto-grauváquico:

Es una sucesión de rocas metamórficas de edad precámbrico superior-cámbrico inferior (700-550 millones de años): pizarras, esquistos y grauvacas en sentido amplio, derivadas de la transformación por presiones y temperaturas elevadas de una potente serie de sedimentos marinos de naturaleza detrítica (arcillas y areniscas). El espesor total de la sucesión es difícil de establecer ya que se encuentra muy plegada y fracturada por las orogenias posteriores.

Estos materiales son relativamente blandos por lo que no fueron utilizados para la fabricación de herramientas líticas, se encuentran superficialmente muy meteorizados y arrasados por los agentes erosivos, constituyendo la extensa penillanura trujillano-cacereña, donde las únicas rocas que destacan son las más resistentes, generalmente grauvacas, en forma de los típicos “dientes de perro”, característicos del paisaje centro extremeño y de la comarca de La Serena.


Rocas graníticas:

Constituyen enormes afloramientos intrusivos de rocas plutónicas llamados batolitos, como el de Cabeza Araya, que se extiende desde Cáceres hasta la frontera con Portugal, el de la Sierra de Gredos, el de la Sierra de Montanchez, el de Quintana de la Serena, etc. Petrográficamente han podido distinguirse varios tipos de granitos, todos ellos posthercínicos: Granitos de grano grueso, granitos de grano fino, granodioritas, cuarzodioritas, dioritas, gabros, etc.

Normalmente, todas estas rocas graníticas se encuentran superficialmente muy alteradas por meteorización, constituyendo berrocales como Los Barruecos de Malpartida de Cáceres, El Berrocalillo de Plasencia, etc. O bien, extensos arenales de lehm granítico, algunos de los cuales son explotados hoy para la obtención de áridos finos (“jabre”) que se utilizan en la construcción.

En estas explotaciones de áridos, situadas en El Millar y El Majón, entre Malpartida y Cáceres, se han hallado numerosos instrumentos líticos, extraídos durante la excavación del “jabre” y de los exiguos mantos aluviales que recubren estas rocas graníticas, los cuales contienen sedimentos detríticos groseros: cantos rodados de cuarzos y cuarcitas heredados de otras formaciones sedimentarias más antiguas de finales del terciario, o bien, arrastrados directamente por los arroyos desde los filones de cuarzo emplazados en el granito o desde los estratos de cuarcitas de las sierras próximas.

Excavaciones en el humedal de Vendimia, 2005. Malpartida de Cáceres.
Materiales cuarcíticos(cantos) y filonianos (cuarzos) sobre un manto de lehm granítico.
(Equipo de investigación Los Primeros Pobladores de Extremadura)


Rocas filonianas: cuarzos y lamprófidos

Se presentan asociadas a las rocas anteriormente descritas del C.E.G. y a los batolitos graníticos, a través de cuyas fracturas se han producido emanaciones de fluidos magmáticos de naturaleza silícea (SiO2) que al cristalizar dan origen a diques o filoncillos de diferentes variedades de cuarzos (lechosos, ahumados, hialinos, cristal de roca, etc.) los cuales fueron utilizados en grandes cantidades por los homínidos del pleistoceno medio, dada su abundancia y gran dureza. (El cuarzo ocupa el número siete de la escala de durezas de Mohs que tiene diez grados).

Otras intrusiones filonianas, menos abundantes en los granitos, son los lamprófidos, rocas filonianas básicas relacionadas con los diques de diabasas, cuyos minerales oscuros (silicatos ferromagnesianos) son muy duros, pesados y compactos, constituyendo también una buena “materia prima” para la fabricación de utensilios líticos. La mayor parte de los recogidos en superficie están pulimentados durante la época neolítica y solo algunos han sido tallados en el paleolítico.


Rocas metamórficas:

- Corneanas:


Formadas a elevadas temperaturas en las aureolas metamórficas de contacto que se extienden alrededor de los batolitos graníticos. Son rocas oscuras (azuladas o negras) que están constituidas por minerales tales como Cordierita, Andalucita, Hiperstena…, silicatos de aluminio, hierro y magnesio de gran dureza, razón por la cual constituyen una magnífica “materia prima” para la fabricación de instrumentos paleolíticos.

Dentro del llamado “Complejo Cacereño” se han encontrado algunas piezas de este duro material, cuya procedencia o “área fuente” habría que situarla en las cercanías de Los Barruecos y en el valle del río Salor, donde afloran corneanas en abundancia.


- Cuarcitas:

Se presentan normalmente en potentes bancos, de unos 5 - 100 metros de espesor, formados por rocas silíceas cristalinas, de colores generalmente claros (blancos, grises, rosados o marrones), también oscuras (negras y rojizas), y de edades correspondientes con los diferentes periodos de la era primaria.

Las cuarcitas son el resultado de la transformación metamórfica de sedimentos marinos costeros formados por arenas silíceas. Son materiales muy abundantes, de extremada dureza (cuarzos recristalizados) y elevada compactación, por lo que la mayor parte de los instrumentos paleolíticos localizados en Extremadura son de esta naturaleza.

Las “cuarcitas armoricanas”del periodo ordovícico de la era primaria, son las más potentes y constituyen las cresterías y los principales resaltes topográficos de las Sierras de San Pedro, de la Sierra de Cáceres, de Monfragüe, de Las Villuercas, etc

En ocasiones, se han localizado algunas piezas talladas de cuarcitas relacionadas con los “yacimientos primarios” de los estratos de estas sierras. Tal seria el caso de algunas bifaces encontradas en la cueva de Santa Ana durante las excavaciones del 2001-02, las cuales no presentan las típicas superficies de desgaste de los cantos rodados, por lo que pudieron ser extraídas “in situ” directamente de los bancos de cuarcitas próximos a esta cueva.

En estas sierras las cuarcitas se van fragmentando por gelivación, dando origen a pedreras que se deslizan por gravedad por las vertientes hasta las cabeceras de los arroyos, cuyas aguas las recogen y las movilizan, seleccionando los materiales por su densidad y su dureza a lo largo de sus cauces, donde constituyen excelentes “yacimientos secundarios” que fueron utilizados de modo preferente por los homínidos del Pleistoceno.

Bifaces de cuarcita de las terrazas de la Ribera del Marco.
Museo Arqueológico de Cáceres, n.º de inv.: D-7048.



- Calizas y dolomías:


Se trata de una serie de sedimentos paleozoicos marinos, algunos con fauna de crinoides y coralarios, de naturaleza carbonatada (Ca.Mg.CO3) y depositados en una plataforma somera arrecifal. Se encuentran muy metamorfizadas, con recristalizaciones de calcitas que les aportan una consistencia marmórea en profundidad, pero superficialmente están muy kartstificadas, originando un lapiaz irregular y múltiples conductos de disolución, con canales subsuperficiales y a veces cavernas de gran tamaño, que pudieron ser ocupadas por los homínidos desde el pleistoceno hasta el holoceno reciente.

Estas rocas calcáreas constituyen, dado el gran volumen que tienen de espacios huecos, magníficos acuíferos subterráneos. Es el caso de El Calerizo de Cáceres; El Cerro del Caracol, en Aliseda; La Sierra, de Fuente de Cantos, etc, de los que surgen caudales importantes de aguas bicarbonatadas que dan origen a los nacimientos de arroyos permanentes como la Ribera del Marco y el Alcor de Santa Ana, en Cáceres; el arroyo de Valdelasyeguas, en Aliseda; las fuentes de Fuente de Cantos, etc.

Estos recursos hidrogeológicos contribuirían, sin duda, en época estival y durante las prolongadas sequías, a la ocupación de las áreas cercanas tanto por los animales herbívoros como por sus predadores, entre los que incluimos a los homínidos pleistocenos.


Materiales terciarios: sílex, rañas.

Por lo que se refiere a los terrenos terciarios de recubrimiento de los materiales anteriormente descritos, se depositaron durante el mioceno y el plioceno en depresiones o en fosas tectónicas bien definidas; otras veces, se presentan como una especie de cobertera que fosiliza la penillanura. Los depósitos son continentales en régimen de sistemas de abanicos aluviales y poseen unos niveles de base arcillosos o margosos, a los que se superpone un nivel arcósico muy constante. A techo de estas arcosas existen diferentes capas irregulares de arcillas, areniscas y, en ocasiones, niveles calcáreos con lentejones de sílex de diferentes tonalidades.

Un ejemplo de lo anterior se constata en la fosa del Tajo-Tiétar, donde sobre las arcosas y arcillas miocenas se depositaron algunas capas calcáreas asociadas a yacimientos de sílex (SiO2). Material de elevada dureza y con superficies de rotura cortantes, por lo cual también fue muy utilizado como materia prima durante el pleistoceno. Los principales afloramientos extremeños se localizan en las terrazas del Tajo y Tiétar y en todo El Campo Arañuelo. (Navalmoral, Talavera la Vieja y Peraleda de la Mata).

Destacan también en el paisaje extremeño las amplias plataformas de las “rañas” pliocuaternarias, formaciones detríticas groseras depositadas de forma caótica sobre los materiales paleozoicos, graníticos o bien miocenos, sin ninguna estratificación y cuya potencia generalmente oscila entre los 1 y 10 m. Se trata de una formación conglomerática constituida por cantos subangulosos o redondeados de cuarcitas empastados en una matriz areno-arcillosa rojiza. El medio que originó estos depósitos puede considerarse el de un flujo en masa de fangos arcillosos con cantos de cuarcitas, desarrollado en un clima tropical con lluvias estacionales de gran intensidad. Estos cantos cuarcíticos están seleccionados en relación con la distancia al “área fuente” y los de mayor dureza fueron también utilizados como materia prima para confección de utensilios líticos durante el pleistoceno en las Rañas de Cañamero, Alía, Talaván, Castañar de Ibor, Galisteo, Garrovillas, etc.

Al fondo las plataformas de las Rañas de Cañamero en las cercanías de los crestones cuarcíticos de Las Villuercas



Materiales Cuaternarios: coluviones, terrazas y aluviones.

Los coluviones son derrubios de gravedad formados por cantos de cuarcitas angulosos empastados en una matriz arcillosa generalmente rojiza. Se localizan sobre las laderas de las sierras de cuarcitas y en las zonas de penillanura más próximas a estas elevaciones.

Las terrazas fluviales son superficies planas, estrechas, alargadas y cubiertas de mantos aluviales, separadas por escalones que interrumpen la pendiente y que deben su origen a la acción erosiva y sedimentaria de las aguas de los ríos durante los periodos glaciares e interglaciares del Pleistoceno. En Extremadura se encuentran bien desarrolladas en los cauces del río Guadiana y sus afluentes principales (3 niveles), pero no tanto en el Tajo dado su gran encajamiento, aunque son perceptibles varios niveles en los tramos medios del Alagón, Jerte y Tiétar.

Sedimentos aluviales (cantos rodados) de una terraza en el río Tajo


Los aluviones son arenas y gravas con cantos rodados, generalmente de cuarzos y cuarcitas, trasportados por los ríos y depositados en el fondo de los valles y en las llanuras de inundación de la red de drenaje principal. Corresponden a los depósitos más recientes, pero la mayoría de sus elementos rocosos han sido heredados de las Rañas, de los “rañizos” y de los coluviones.

Estos tres tipos de formaciones sedimentarias poseen cantos de naturaleza cuarcítica de una elevada dureza, sobre todo aquellos que han sido seleccionados durante un largo recorrido por la red fluvial. Los grupos humanos del pleistoceno medio los utilizaron en grandes cantidades en el Arroyo Celadilla, Arroyo del Millar de los Licenciados, en Cáceres; Arroyo del Tallón, Los Arenales y El Majón, en Malpartida de Cáceres, así como en las terrazas de los ríos Jerte, Alagón, Tiétar, Guadiana y sus afluentes.



III. LOS YACIMIENTOS

Hasta el momento actual de las investigaciones, hemos establecido una serie de zonas que presentan una configuración geomorfológica determinada y en las que se observa el asentamiento de grupos humanos en función de los restos líticos hallados:


1. Los “humedales”.

Se trata de yacimientos arqueológicos pleistocenos ubicados en el Complejo Cacereño, concretamente en las proximidades de zonas encharcadas en época estival, relacionadas con las arenas permeables de las vaguadas de los arroyos que conforman la margen derecha del río Salor y que discurren sobre el batolito granítico de Cabeza Araya.

Estas zonas presentan un sistema de poblamiento al aire libre y geológicamente se corresponden con materiales arenizados, producto de la meteorización de los granitos, y también, algunos lechos aluviales de poco espesor de gravas cuarcíticas procedentes de las serretas próximas.

Sobre el granito del batolito de Cabeza Araya se ha desarrollado un amplio berrocal con enormes bloques redondeados, “piedras caballeras” y “rocas en seta”, que destacan ligeramente sobre el nivel general de la penillanura, formando algunas elevaciones como La Cantera de Vendimia y Los Barruecos de Malpartida de Cáceres; y los Cerros de Cabeza Araya y de Santo Domingo en Navas del Madroño.

El encajamiento del río Salor en la penillanura cacereña no es muy acentuado, sobre todo en los tramos de nacimiento de los arroyos afluentes donde se ubican los humedales. Los sedimentos recientes (coluviales, aluviales y eluviales) de esta zona forman mantos de recubrimiento, bastante arrasados por la acción fluvial, que se extienden en amplias áreas desde las vertientes de las sierras cuarcíticas de Cáceres hacia los llanos de la penillanura circundante. Estos sedimentos están formados esencialmente por materiales detríticos de naturaleza silícea (cantos rodados de cuarzos y cuarcitas) empastados por una matriz areno-arcillosa.

La red fluvial actual ha movilizado estos materiales de cobertera, seleccionando los de mayor dureza y conformando los rellenos de las depresiones del relieve berroqueño con abundantes lechos de arenas y cantos rodados que fueron utilizados por los homínidos del Pleistoceno para la elaboración de sus herramientas.

Gravera cuarcítica del humedal del Alcor de Santa Ana (Cáceres)

2. Zonas cársticas.

Son yacimientos arqueológicos con un sistema de ocupamiento en cuevas formadas por la disolución de las rocas calizas y dolomías. El ambiente sedimentario de las cavidades cársticas resulta idóneo para los procesos de fosilización de los esqueletos de las diferentes especies de mamíferos pleistocenos, los cuales se conservan petrificados al quedar cubiertos por los depósitos carbonatados de los travertinos.

Extremadura presenta escasos afloramientos de rocas calcáreas, entre los que podemos citar los de: la Sierra de Alconera, Fuentes de León, Fuente del Maestre, Usagre, Los Santos, etc, en la provincia de Badajoz, y en la de Cáceres los de: El Calerizo, Sierra de Aliseda, Comarca de los Ibores, etc. De todos ellos, el único que actualmente se encuentra en proceso de excavación, dada su posible conexión con los humedales de Malpartida, es El Calerizo de Cáceres.

Desde el punto de vista estructural El Calerizo se encuentra formando parte del Sinclinal de Cáceres, estructura de plegamiento constituida por cuarcitas, pizarras y las referidas rocas calizas, el cual tiene varias decenas de kilómetros cuadrados de extensión y una profundidad superior a un km. Este enorme sinclinal se orienta en la dirección hercínica NW- SE y sus estratos se inclinan unos 60º al noreste. El conjunto está afectado por varios planos de fracturas, algunos de los cuales han sido ensanchados, por disolución de las calizas dolomíticas, originando cavidades como la Cueva de Maltravieso, la Cueva del Conejar y las de Santa Ana.

Cueva de Maltravieso (Calerizo de Cáceres), yacimiento con restos óseos y materiales líticos pleistocenos.
(Equipo de investigación Los Primeros Pobladores de Extremadura)


La forma resultante de la estructura anterior es la de un “fondo de saco” de contorno irregular, en el que cada uno de los materiales paleozoicos se sitúan en capas concéntricas, del mismo modo que las capas de una cebolla (media en este caso): En el núcleo de la estructura se encuentran los materiales más recientes (pizarras del carbonífero inferior); y hacia la zona externa se van sucediendo capas cada vez mas antiguas, por orden cronológico: Calizas, pizarras, cuarcitas… La capa más exterior la constituyen los materiales arcaicos del Complejo Esquisto-Grauváquico.


3. Zonas de terrazas y rañas.

Son yacimientos arqueológicos situados en zonas de llanuras, pero con relativa altitud respecto de los cauces fluviales circundantes, cubiertos de materiales detríticos, sobre todo cantos rodados de cuarcitas, materia prima fundamental para la fabricación de las herramientas paleolíticas.

Las terrazas son plataformas cubiertas por depósitos de arenas y gravas, con lechos de cantos rodados (inferiores a 25 cm.) que se encajan unos en otros en graderío. Corresponden a amplios mantos aluviales de los principales ríos y sus afluentes, excepto el Tajo, que en el tramo extremeño va muy encajado en la penillanura y, por ello, presenta varios desniveles erosivos, excepto en las depresiones tectónicas de Talavera la Vieja y de Alconétar donde hay algunas terrazas con materiales muy evolucionados de gran dureza.

El río Guadiana y algunos de sus afluentes principales no presentan nunca la terraza más antigua, distinguiéndose un sistema con tres niveles (A. Jorquera, 1998):

- Terraza primera (T-1), es la terraza actual del río que queda sólo a unos 3 metros de altura en sus inmediaciones y puede cubrirse por las aguas durante las grandes crecidas. Está constituida por arenas finas de tonos pardos, bien clasificadas, observándose en superficie estructuras de meandros y cauces abandonados.

- Terraza segunda (T-2), situada a 10-20 metros de altura, tiene gran extensión superficial y su anchura llega a 1 kilómetro máximo. Se encuentra siempre a una distancia del cauce actual inferior a 2 kilómetros. Sus materiales son cantos de cuarcitas redondeados de diámetro comprendido entre 1 y 25 centímetros y la matriz areno-arcillosa, siendo su potencia de 10 metros.

- Terrada tercera (T-3), es la que presenta mayor extensión superficial y potencia del sistema. Se sitúa entre los 45-60 metros de altura. Su morfología es la de un cordón paralelo al cauce actual del río, de 60 por 3,5 kilómetros de extensión. Está situada a una distancia variable entre 1 y 7 kilómetros del cauce, y tiene una potencia aproximada de 30 metros. Está formada por cantos de cuarcitas redondeados de diámetro inferior a los 25 centímetros, con matriz areno-arcillosa. Presenta estratificaciones internas y laminaciones cruzadas, intercalaciones de bancos de arenas y gravas con hiladas de cantos. Los materiales son de color rojo o pardo.


Las rañas: Constituyen una potente formación conglomerática muy típica de las estribaciones de las sierras cuarcíticas extremeñas, constituidas por cantos bien redondeados de cuarcitas unidos por una matriz arcillo-arenosa de color rojizo. La potencia de esta formación es muy variable, pudiendo llegar hasta los 10 m. de espesor. Se relacionan casi siempre con los relieves cuarcíticos más acusados: Sierra de las Villuercas, Sierra de San Pedro, Sierra de Monfragüe, etc, estando a veces en continuidad con los depósitos de ladera, glacis o piedemontes de estos mismos relieves.

Las rañas son sedimentos detríticos poco coherentes, de escasa compactación y por tanto, fácilmente erosionables, constituyendo depósitos de recubrimiento discordantes sobre los materiales pizarrosos precámbricos y paleozoicos de la penillanura extremeña. En las cuencas terciarias continentales del Guadiana, del Tajo-Tietar y del Alagón, se disponen también discordantes sobre los materiales arcillosos y arcósicos del periodo mioceno.

Las rañas deben su origen (E. Hernández-Pacheco, 1949) al clima tropical de finales del periodo plioceno de la era terciaria y principios del cuaternario, denominado Villafranquiense, en el límite plioceno-pleistoceno. Este clima, posiblemente “tipo sabana”, se alterna con periodos lluviosos de intensas precipitaciones estacionales que arrastran, en avalancha, todos los materiales erosionados en la etapa precedente árida y seca.

Las gravas cuarcíticas de las rañas son heterométricas y su granulometría desciende con la lejanía del “área fuente” que constituyen las sierras cuarcíticas. Cerca de estas sierras se pueden distinguir grandes bloques rocosos, así como los conos de deyección anchos y planos que formaron estos depósitos -producto de precipitaciones esporádicas pero muy intensas- originados al final de un proceso de peneplanización. La escorrentía, en lugar de producirse a lo largo de cauces determinados, típicos de un régimen más continuo de precipitaciones, lo hace bajo la forma de avalanchas de agua, sin canalizar, que se dispersan en forma de manto a partir de la zona de descarga.

El proceso de destrucción actual de las Rañas se produce por encajamiento de la red fluvial y el retroceso, por acción remontante, de las cabeceras de los arroyos, lo que origina un relieve amesetado (“mesas”) de laderas muy verticales que retroceden por solifluxión, por lo cual, éstas se rodean de una aureola de coluviones o “rañizos” que enmascaran el verdadero espesor de las Rañas y se extienden, cubriendo extensas áreas, por las vegas de la red fluvial actual. Estos materiales, semejantes a las Rañas y que regionalmente se denominan “rañizos”, algunos autores les han atribuido un origen claramente fluvial, relacionados con las terrazas, pero en realidad se han formado a expensas del desmantelamiento de los materiales poco compactados de las Rañas.

Canturral cuarcítico de la Rañas de Cañamero puesto de manifiesto durante las labores agrícolas

Los cantos de cuarcitas que constituyen todos estos depósitos pliocuaternarios están muy seleccionados, por rodamiento a través del largo recorrido que han tenido desde el “área madre” de las sierras. Como consecuencia, presentan una gran dureza, (los blandos se destruirían durante el transporte sufrido), propiedad física que fue aprovechada para la fabricación de utensilios líticos por los homínidos del pleistoceno. Se han encontrado tallados abundantes cantos cuarcíticos de elevada dureza en las Mesas de las Rañas de Cañamero, Alía, Castañar de Ibor, Talaván, Garrovillas, Cañaveral, Galisteo, Cáceres, Montánchez, Alcuéscar, Mérida, etc.

22 de octubre de 2008

EL LEGADO CULTURAL DE LA GEOLOGÍA :


© Copyright JUAN GIL MONTES 2008

LAS ROCAS DE EXTREMADURA COMO ELEMENTOS CONSTRUCTIVOS Y ARTÍSTICOS

La estratégica situación geográfica de Extremadura, a caballo entre la Meseta del Duero y Sierra Morena, hicieron que diversas y sucesivas civilizaciones se asentaran en ella desde la más remota antigüedad. Pero es con los romanos cuando Extremadura entra en las páginas de la historia, al convertirse la ciudad de Emérita Augusta en una de las diez más importantes del Imperio y capital de la provincia romana de Lusitania.
La región fue posteriormente habitada por los visigodos y los árabes y, durante mucho tiempo, su territorio fue frontera de la Reconquista castellano-leonesa. Pero su edad de oro llegó realmente con el descubrimiento de América, al ser cuna de los más importantes conquistadores del Nuevo Mundo.
Extremadura está plagada de monumentales pruebas de la habilidad constructiva de sus habitantes que labraron la historia tallando piedras y construyendo edificios que perduran, aquí y allá, donde sus hombres fueron. En este texto vamos a repasar la historia de las piedras con las que se han edificado los principales monumentos de Extremadura.
Al hablar de construcciones que han perdurado más de 2.000 años, debemos tener presente que en muchos casos lo que hoy vemos no suele ser lo que en su día se construyó, sino la resultante de multitud de procesos de destrucción, reconstrucción, aprovechamiento, adaptación y remodelación por las diferentes culturas y hechos históricos que han ido configurando el aspecto final de cada monumento en concreto.

Columnas graníticas del templo romano de Augustobriga . Talavera la Vieja

Al igual que ocurre con otras regiones enclavadas dentro del Macizo Hespérico, el granito, la cuarcita y la pizarra son las piedras predominantes en la construcción de los edificios y monumentos. No obstante, los mármoles se han incluido en los programas municipales de numerosas construcciones, sobre todo en la Emerita romana y zonas cercanas a su área de influencia, habiendo sido utilizados como rocas ornamentales para la construcción de las partes nobles (pórticos, columnas, frisos, etc.), que exigían una más fina labra. Mármoles y calizas marmóreas de la Sierra de Alconera, del Cerro Carija de Mérida, de El Calerizo de Cáceres y de otros muchos yacimientos, sirvieron también para obtener la cal tan necesaria como aglomerante para morteros y hormigones de cantos rodados de las construcciones romanas.
Asimismo, en muchas zonas, las pizarras y grauvacas, toscamente dispuestas o bien unidas con argamasa, han constituido un elemento de construcción ampliamente empleado, aunque su extracción no ha implicado, hasta fechas recientes, la existencia de canteras más o menos estables, si no que se extrajeron de los lugares más próximos a las obras de fábrica.


Las rocas como soportes de la cultura primitiva extremeña
:

Es a lo largo de la amplia etapa del Pleistoceno Medio, hace más de cien mil años, cuando los primeros pobladores de Extremadura tallan las rocas y minerales más duros de la región: sílex, cuarzos y cuarcitas, para obtener sus instrumentos de caza y defensa. Entre las variadas piezas líticas talladas destacan por su belleza las llamadas “bifaces”, verdaderas obras de arte con formas almendradas y de bordes cortantes. Son numerosos los hallazgos de “bifaces” de cuarcitas en las terrazas del Guadiana, Tajo, Alagón y Tiétar. También se han encontrado bue- nos ejemplares en las excavaciones de “Los Arenales” de Malpartida de Cáceres y en las cuevas cercanas de El Calerizo de Cáceres.

Bifaz de cuarcita de las terrazas fluviales del Guadiana.
Museo Arqueológico de Badajoz


Durante el Paleolítico Superior, hace unos 25.000 años, fueron las lisas paredes de las calizas dolomíticas de la Cueva de Maltravieso, en El Calerizo de Cáceres, sobre las que aquellos primeros extremeños realizaron sus manifestaciones artísticas. Numerosas representaciones de manos (a las que curiosamente les falta el dedo meñique), animales, puntos y rayas, adornan estas rocas sobre las que los hombres, el tiempo y los fenómenos cársticos han dejado su huella indeleble.
Durante el Neolítico, el Calcolítico y bien entrada la Edad del Bronce, las manifestaciones pictóricas se realizan fundamentalmente en cuarcitas armoricanas, se trata de abrigos rupestres de escasa profundidad donde sus visitantes realizan, con óxidos e hidróxidos de hierro y manganeso, unas pinturas esquemáticas de estilizadas figuras humanas, animales, puntos y rayas rojizas o negras. Manifestaciones de este esquemático arte rupestre las encontramos, por ejemplo, en las covachas cuarcíticas de los valles del Ruecas, Almonte e Ibor, en Las Villuercas, en la Sierra de Monfragüe y en la Sierra de Alange.

Pinturas esquemáticas sobre las cuarcitas de Las Villuercas

De estas mismas épocas son también los innumerables grabados esquemáticos que encontramos en las pizarras y grauvacas aflorantes en Las Hurdes y de otras comarcas extremeñas. En ocasiones estos grabados se encuentran en los ortostatos pizarrosos y de areniscas de los monumentos funerarios, donde los primitivos extremeños dejaron representaciones solares, cazoletas, rayados lineales, reticulados e ídolos, entre otras manifestaciones simbólicas rupestres.
De finales de la Edad del Bronce son muy significativas las llamadas estelas decoradas extremeñas o del suroeste peninsular, de naturaleza pizarrosa, de areniscas o en granitos. En ellas suelen grabarse el cuerpo de un guerrero con todo su armamento y adornos personales de prestigio: escudo de escotadura, lanza, espada, casco, carro y caballos, espejo, fíbula, etc. La más conocida, por tener el honor de ser la primera descubierta en Solana de Cabañas, es la “estela del guerrero”, de naturaleza grauváquica, dada a conocer en 1898 por D. Mario Roso de Luna y que se guarda hoy en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Posteriormente se han encontrado numerosos ejemplares en otras localidades, destacando las de Torrejón el Rubio y las del valle del Zújar.
Estela del Guerrero de Solana de Cabañas


Monumentos funerarios prehistóricos
:

Las primeras manifestaciones de la habilidad constructiva de los primitivos habitantes de Extremadura son los megalitos, formados por grandes piedras hincadas sin labrar que constituyen cámaras mortuorias o sepulcros. En general estas construcciones se realizaban situando una serie de grandes planchas verticales u ortostatos de pizarras, cuarcitas, grauvacas, corneanas o granitos , sobre las que se apoyaban otras losas horizontales formando así la cámara, que luego era cubierta por un túmulo circular u oval de tierra y piedras pequeñas.
De estas construcciones existen dos tipos principales: el dolmen simple que es una cámara pequeña y circular cubierta por un túmulo de rocas menudas y tierra, y el dolmen con corredor en el que se construye un pasillo rectangular o galería que da entrada a la gran cámara.

Dolmen de Valencia de Alcántara

Extremadura, y en particular en su zona occidental, presenta un amplio número de estas construcciones megalíticas. En especial es destacable el conjunto dolménico de Valencia de Alcántara, emparentado con otros similares del cercano Alentejo portugués, desde donde se su- pone que el fenómeno del megalitismo se propagó por la Península. Actualmente se conocen unos cincuenta dólmenes en el entorno de Valencia de Alcántara, que representan la concentración de dólmenes más numerosa de la comunidad extremeña.
Los dólmenes extremeños se localizan por lo general en elevaciones naturales o en las proximidades de cursos de agua, y casi siempre sobre la materia prima de la que fueron construidos, aunque muchos ortostatos fueron trasladados grandes distancias desde formaciones geológicas más alejadas. Existen dólmenes de pizarras, de cuarcitas, de diabasas, de corneanas y de grauvacas, pero los más majestuosos están construidos con grandes losas de rocas graníticas.
Sin duda uno de estos monumentos megalíticos más impresionantes y que está construido con enormes losas de granito de la zona es el Dolmen del Lácara, que se localiza en las cercanías del municipio de La Nava de Santiago en dirección a Aljucén y muy cerca de Mérida.

Dolmen con corredor del Lácara (Aljucén)

El Dolmen del Lácara se encuentra en una hondonada junto al río Lácara y se compone de un sepulcro de largo corredor, que en su día, estuvo cubierto por un túmulo elíptico de piedras y tierra; la cámara conserva ocho grandes ortostatos de granito que la delimitan y la cubierta está prácticamente desaparecida. El corredor se encuentra dividido en un vestíbulo y dos antecámaras cuya anchura oscila entre los dos metros y medio y los tres metros. Su finalidad era
funeraria y se destinó a enterramientos colectivos utilizándose durante el Calcolítico y la Edad del Bronce. En las sucesivas excavaciones realizadas se han encontrado ajuares funerarios constituidos por vasijas hechas a mano, puntas de flechas de sílex y cristal de roca, fragmentos de puñales de sílex, cuentas de collar de calcedonias, ídolos placa en mármol, diorita o pizarra, cuchillos y puntas de lanza de cobre.


Los castros prerromanos extremeños:

Los grandes castros u “oppida” extremeños fueron construidos en plena Edad del Hierro y perduraron hasta mediados del siglo I a.C., coincidiendo con la conquista y comienzos de la explotación romana del territorio. Estos recintos amurallados se adaptan a las exigencias del terreno, situándose en lugares altos y con fáciles defensas naturales: entre dos ríos que confluyen (Sansueña), en meandros encajados (Castillejo de la Orden), en crestones cuarcíticos (Estena) o calcáreos (Valdecañas), o en batolitos elevados (El Berrocalillo).

Muralla del oppidum vettón de Sansueña

El río Guadiana separaría, “groso modo”, a los poblados extremeños de la Edad del Hierro, perteneciendo a los pueblos lusitanos y vettones los situados al Norte y a los célticos y túrdulos los del Sur de este río. En todos ellos los elementos constructivos son muy parecidos. Llaman la atención sus magníficos sistemas defensivos constituidos por una o dos murallas, fosos, torres, puertas acodadas, etc. En su interior se observan los restos derruidos de las edificaciones de la acrópolis y los recintos para el ganado. El muro perimetral así como todos los elementos defensivos antes citados están construidos con los materiales más resistentes y abundantes en la zona, pizarras, grauvacas y granitos, perfectamente encajados y superpuestos a “hueso” o a “soga y tizón”.
Numerosos son los recintos amurallados extremeños, entre ellos destacamos por su interés el ”oppidum” vettón de Villasviejas del Tamuja (Botija) que, a juzgar por los restos de muralla conservados, en su mayoría derrumbes de más de dos metros de espesor, contó para su defensa con dos recintos situados a diferente cota. Aunque se han excavado recientemente algunas estructuras de habitación en el interior del “oppidum”, con interesantes hallazgos numismáticos, así como las tres necrópolis de incineración del poblado, es evidente que lo más llamativo del yacimiento son sus murallas.
La mayor parte de los grandes sillares graníticos de los dos recintos de Villasviejas se trasladaron en los últimos siglos a otros lugares próximos para ser reutilizados; con ellos se construyó el muro de una presa abrevadero en la cercana finca de Las Golondrinas, así como un puente y otra presa para un molino harinero en el río Tamuja. Si se retornaran estos bloques de rocas graníticas de nuevo a su sitio de procedencia en el “oppidum”, se podría levantar una muralla de más de 8 m de altura y 2 m de espesor.
Sin embargo no deja de ser menos cierto el avanzado grado de deterioro que este recinto presenta, permitiendo tan sólo en algunos lugares puntuales reconocer la fábrica de sus paramentos, a saber un frente exterior ejecutado en granito con bloques prismáticos de buen tamaño, en no pocos casos bastante bien labrados así como colocados “a hueso”, relleno al interior con mampostería irregular y tierra. A día de hoy es imposible determinar las características del intradós de la muralla, es decir el paramento que cerrara por dentro la fortificación, al estar del todo terraplenado. No obstante es de suponer que tuviera unas características constructivas similares a las del extradós, si acaso, algo más tosca de ejecución según paralelismos con otros castros extremeños contemporáneos.
Históricamente los vestigios de Villasviejas del Tamuja han sido identificados con la ciudad vettona de Tamusia, sin duda siguiendo la evidencia proporcionada por el actual hidrónimo Tamuja y por sus acuñaciones de monedas, ases de la serie del jinete ibérico con el epígrafe TAMUSIA. Todo indica que este“oppidum” debió tener un desarrollo muy dinámico basado en la explotación de los ricos yacimientos filonianos de galenas argentíferas, que encajan en el complejo esquisto-pizarroso del entorno del batolito granítico de Plasenzuela.

Verraco de Tamusia, IES "El Brocense" de Cáceres

De rocas graníticas son también las numerosas esculturas zoomorfas de los verracos (cerdos o jabalíes), encontrados tanto en los alrededores de Tamusia como en otros lugares del norte de Extremadura y que se relacionan con la cultura religioso-funeraria del pueblo céltico de los vettones.


Monumentos romanos en Extremadura:

Son multitud los restos de aquel imperio que aún se alzan, enhiestos, en la Comunidad de Extremadura. En muchos casos en un estado de conservación espectacular, en otros, desgraciadamente, casi nada queda de ellos o desaparecieron para siempre.
Como ya se ha dicho, el granito ha venido utilizándose desde la prehistoria en monumentos funerarios, defensivos, religiosos..., tanto por sus propiedades ornamentales como por su durabilidad, siendo símbolo inequívoco de majestuosidad y permanencia en el tiempo.
La Historia nos ha dejado excelentes ejemplos de la utilización del granito como elemento fundamental de la construcción de obras públicas o privadas monumentales, que aún siguen mostrando todo su esplendor, imperturbables al paso de los siglos.
Teatro romano de Mérida. Detalle de las columnas realizadas con mármol negro veteado de Alconera


En Extremadura el uso ancestral de la piedra berroqueña alcanza su mayor apogeo durante la dominación romana, época que marca un profundo desarrollo socioeconómico. Una bella muestra es el conjunto emeritense, cuya riqueza arqueológica, afortunadamente hasta hoy, se viene recuperando y ha dado motivos suficientes para que su conjunto monumental fuera declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en Diciembre de 1993.
Uno de los factores más importantes que debió influir en el momento de elegir el definitivo emplazamiento de la ciudad romana de Emerita Augusta, fue sin duda que, en el sitio donde se situase, se dispusiera de rocas apropiadas y suficientes para las distintas construcciones, y efectivamente en las proximidades de su ubicación se encuentran con facilidad, además de granitos de diversas facies y calidades, los mármoles y cal del cerro Carija y las gravas cuarcíticas de los aluviales del río Guadiana. La gran mayoría de los granitos utilizados en Mérida proceden de labores cercanas a la población, fundamentalmente granitos, granodioritas, dioritas y gabros de los batolitos situados al norte de la ciudad emeritense.
La ciudad romana de Emérita es pues un claro ejemplo del empleo de las rocas de los afloramientos más próximos en la construcción de los edificios y monumentos, sobre todo en los siglos pasados, cuando el transporte con carros desde lugares distantes era complicado.
Ciertamente, del conjunto monumental emeritense es el teatro romano el monumento más significativo y universalmente conocido, su construcción fue patrocinada por Marco Agripa, yerno del emperador Octavio Augusto. Su inauguración data del año 15 a.C. Tanto el teatro como el anfiteatro romano de Mérida están realizados totalmente en sillería de granito perfectamente labrada y trabajada, tanto en sus gradas como en los arcos, muros, etc. En el escenario las columnas son de mármol negro veteado de Alconera, y se apoyan sobre un zócalo de argamasa recubierto de granito.

Acueducto romano de Los Milagros. Mérida

Los mármoles de Alconera en sus variedades blanco con ligeras vetas amarillentas y grises, gris y gris con manchas blancas o rojas, negro y rojo asalmonado con textura brechoide, han sido utilizados ampliamente en la construcción de numerosos monumentos romanos de Mérida, junto con mármoles de coloración blanca y blanco grisácea procedentes del Cerro de Carija, situado al Noroeste de Mérida, así como con las cuarcitas de la Sierra de San Pedro, en el límite de las provincias de Cáceres y Badajoz.
Entre otras obras construidas con granito se pueden citar los puentes de la calzada romana que atraviesa toda Extremadura de sur a norte, la llamada hoy “Vía de la Plata”. Los puentes levantados en la entrada y salida de esta calzada a su paso por Mérida, sobre el río Guadiana y el arroyo Albarregas, son unas de las construcciones más representativas de la época de Augusto, en las que se utilizaron rocas graníticas del batolito emeritense de “Los Baldíos”, al igual que en el acueducto de Los Milagros, construido también con aparejo alterno de ladrillo y granito y del que se conservan treinta y siete pilares.

Puente romano sobre el flumen Ana en Mérida

La presa de la Albuhera o de Proserpina, situada a unos 7 km de Mérida, fue construida también con sillares graníticos por los romanos con el fin de abastecer de agua a la ciudad; esta presa, junto con la de Cornalbo, es una de las obras hidráulicas romanas más importantes de Extremadura. La presa embalsa las aguas del Arroyo de la Albuera y su estado de conservación actual es casi perfecto tras la impermeabilización recientemente realizada.
Conscientes ya los romanos de la importancia de disponer de buenos pasos sobre el Guadiana, erigieron también en Medellín una de sus mejores realizaciones peninsulares en puentes. Su longitud se estima fue de unos cuatrocientos metros, con un total de 28 arcos de entre 10 y 12 m. de luz y sólidos estribos, siendo toda su fábrica de sillares regulares de granito. La obra quedó destruida durante la Edad Media, aprovechándose sus materiales para levantar otro en su sustitución. Parte de sus cimientos originales son apreciables todavía junto al actual, sobre la orilla izquierda del Guadiana.
El puente de Alcántara, construido sobre el río Tajo por el arquitecto Caio Julio Lacer en el siglo I d.C., bajo el gobierno del emperador Trajano y sufragado por varias civitates de la zona, es otro bello ejemplo de ingeniería romana realizado con granitos. Este espectacular puente (“al-Kantara al Saif” para los árabes), que salva el cañón del Tajo tiene 58,20 m de altura sobre el nivel de sus aguas y 194 m de longitud. Consta de seis arcos sostenidos por cinco pilas; las dos pilas centrales se apoyan sobre las formaciones pizarrosas del lecho del río. Fue ejecutado también con sillares de granito y resistió imperturbable el paso de las grandes avenidas del Tajo y de las inclemencias meteorológicas casi 2.000 años, pero sucumbió ante las guerras. El puente debió permanecer intacto hasta el siglo XIII, época en que el avance de la Reconquista le infringió los primeros daños. Reparado en tiempos de Carlos I, volvió a sufrir daños en el siglo XVIII como consecuencia de las guerras entre España y Portugal, que en esta ocasión se repararon en tiempos de Carlos III. En 1809, durante la Guerra de la Independencia, los aliados destruyeron el segundo arco de la orilla derecha con objeto de evitar el paso de los franceses. La reconstrucción definitiva se llevó a cabo a mediados del siglo XIX. En la actualidad, sigue soportando el paso de los vehículos pesados que circulan por la carretera de Alcántara hacia Portugal. La calzada romana del puente de Alcántara unía Norba Caesarina (Cáceres) con Egitania (Idanha-a-Velha) y Bracara Augusta (Braga). A su paso por el río Eljas los romanos levantaron otro puente, el de Segura, de características arquitectónicas muy parecidas al de Alcántara.
Puente romano de Alcántara sobre el río Tajo


Otra obra en granito es el puente romano de Alconétar, también sobre el Tajo, probablemente de la época de Trajano o de Adriano, a comienzos del siglo II; a través de él la Vía de La Plata salvaba el Tajo en su camino hacia Salamanca y Astorga.
De lo que queda del puente se deduce su sólida construcción con un recubrimiento de sillares de granito dispuestos “a hueso” que conformaba el molde en el que se fraguó el hormigón del inte- rior. Existe en su núcleo un refuerzo que une los laterales, también de sillería de granito, en forma de cruz y formando así unas series de huecos prismáticos que se rellenaron de hormigón (“oppus caementicium”), en tongadas de hasta dos y cuatro hiladas. El sillar de granito es muy regular y tiene forma almohadillada, salvo los bloques que lindan con las cornisas. Su disposición fue la de “soga y tizón” con una cadencia general de una hilada a soga y otra a tizón.

Puente romano de Alconétar sobre el río Tajo

Los restos de lo que fue la próspera mansión romana de “Turmulus” y después poblado medieval, en las crónicas llamado “al-Qunaytarat Mahmud”, luego fortaleza templaria, quedaron bajo las aguas del pantano de Alcántara. Pero, a comienzos de los años setenta de la pasada centuria, para salvar el puente de las aguas del embalse, lo trasladaron piedra a piedra a su actual ubicación junto al cruce de la N-630 con la carretera que lleva a Coria. En un extremo del puente estaba la fortaleza medieval de “al-Qunaytarat” reedificada sobre un reducto de defensa romano y que todavía se conserva en su lugar como torre templaria llamada de Floripes, construida con sillares graníticos romanos reutilizados. La torre y su leyenda emerge a duras penas en las aguas del embalse de Alcántara.
Otra impresionante muestra de la ingeniería romana en granito son las murallas de Coria, levantadas durante el Bajo Imperio Romano, entre los siglos IV y V. El empleo en su construcción de materiales más antiguos reaprovechados pero también romanos, como estelas funerarias, delata su creación algo tardía. La muralla es un magnífico ejemplo de la arquitectura militar romana y se encuentra en un excelente estado de conservación, aunque ha registrado diversas obras de reforma y algunos de sus lienzos han quedado ocultos tras algunas construcciones más modernas. Las mayores transformaciones datan de finales de la Edad Media, aunque los avatares de las guerras y devastaciones de las que fueron testigo han contribuido más a su mejora que a su ruina. Los muros están construidos con sillería de granito bien escuadrada, en disposición a “soga y tizón”. En la mayor parte de su recorrido se pueden apreciar los recrecidos realizados en el siglo XVII en el transcurso de las guerras con Portugal; en este caso el material empleado es mampostería menuda y lajas de pizarra.
Las Ventas de Cáparra fueron abandonadas poco después de 1700 y se asentaron sobre la antigua ciudad romana de Capera. De ella queda su foro con un majestuoso arco tetrapylo erigido con sillares de granito bajo el cuál pasaba la calzada romana de la “Vía de la Plata”.

Arco cuadrifronte de Cáparra

El citado arco tetrapylo o cuadrifronte de Cáparra está internamente recubierto por una bóveda de aristas de piedra granítica talladas de forma peculiar, ya que las aristas están constituidas por sillares de formas caprichosas con numerosos planos que encajan perfectamente. Este detalle innecesario desde el punto de constructivo implica un elevado grado de especialización del trabajo de cantería de la época. Próximos se encuentran sendos puentes sobre el Ambroz y el templo de la Jarilla (dedicado a las Ninfas), todos ellos coetáneos al municipio romano y construidos con aparejo de sillares graníticos.
La construcción de la calzada romana “Vía de la Plata” que unía Mérida con Astorga, y se prolongaba hacia el sur, hasta Itálica e Hispalis (Sevilla), en algunos tramos, presenta unos 6 m de anchura, con paramentos externos o bordillos de sillares de granito regularmente tallados y perfectamente alineados, que encierran un núcleo apisonado de duras piedras menudas, generalmente cantos de cuarzos y cuarcitas, sobre el que se vertieron, como capa de rodadura, arenas graníticas (jabre) o gravillas cuarcíticas para hacerla más cómoda, rápida y segura al paso de los carruajes y de los animales de tiro y carga.
Son frecuentes los hallazgos, a lo largo de la “Vía de la Plata”, de marcos miliarios, (hitos cilíndricos de granito con base cúbica, de 0,55 m de diámetro y cerca de 1,70 m de altura, que señalaban las distancias en las calzadas romanas). Estaban colocados en cada milla (1480 m) respecto de su origen situado, en este caso, en el foro de la ciudad de Mérida. Tallados y grabados también en duras rocas graníticas han servido de mojones o “marcos” que indicaban no solo las distancias sino también bajo qué emperador se ejecutó la construcción o reforma del tramo, los límites jurisdiccionales y de diócesis en la Edad Media, etc.

Miliario de la Vía de la Plata (La Granja)

Miliario en la cantera de rocas graníticas (Mérida)


La Extremadura de las ciudades-monumento:


Cáceres, Trujillo, Plasencia, Alcántara, Brozas..., pueden citarse como ciudades en las que la mayoría de sus construcciones “históricas” se encuentran realizadas con granitos y cuarcitas.
Cáceres, la capital de la Alta Extremadura, se puede considerar una reliquia histórica, con sus recoletas calles estrechas sembradas de monumentos de piedra. Su barrio antiguo, flanqueado por murallas de la época musulmana con imponentes torres vigía, conjuga en singular armonía monumentos e iglesias medievales con palacios renacentistas.
En reconocimiento a la belleza y estado de conservación del recinto histórico artístico de la ciudad de Cáceres, el 23 de noviembre de 1986, la comisión de Patrimonio de la UNESCO acordó incluir en la lista del Patrimonio Cultural de la Humanidad a la Ciudad Histórica y Monumental de Cáceres como “Ciudad Patrimonio de la Humanidad”. El conjunto monumental que alberga fue argumento indiscutible para respaldar este nombramiento. Su muralla almohade de tapial y las edificaciones de piedra, de incalculable valor histórico y arquitectónico, hacen de esta ciudad un retrato vivo de los siglos XIV al XVII como dejan patente sus casas fuertes, palacios y edificios religiosos.
Adarve de la Ciudad Monumental de Cáceres

Los edificios históricos de Cáceres, entre los que se pueden citar los cimientos de la muralla de la colonia romana de Norba Caesarina, así como prácticamente la totalidad de los palacios de la ciudad antigua, el palacio de los Golfines, la casa de los Carvajal, el palacio de los Marqueses de la Isla, la casa de los Solís, el palacio de Mayoralgo o el palacio de Moctezuma, entre otros, en menor o mayor proporción, están constituidos con granitos procedentes principalmente de las canteras próximas del Batolito de Araya, donde aún se observan labores sin terminar y zonas señaladas para seguir los arranques.
Trujillo, la antiquísima Turgalium, que a modo de fortaleza sobre un inmenso batolito de granito fue hogar de vettones, romanos, musulmanes y cristianos, así como ciudad natal de numerosos conquistadores y descubridores como los Pizarro y Francisco de Orellana. Su Plaza Mayor porticada, el castillo árabe que la domina, palacios e iglesias, así como la antigua muralla que aún conserva cuatro de las siete puertas de entrada a la ciudad, son muestras de su gran monumentalidad. En Trujillo lógicamente los materiales utilizados proceden prácticamente en su totalidad del macizo granítico sobre el que se asienta la ciudad. Son mayoritariamente granitos de dos micas y leucogranitos de coloración blanco amarillenta. La Plaza Mayor, con el palacio de Vargas, la iglesia de San Martín, el palacio de los Pizarro y demás monumentos, constituye un buen ejemplo. Los suelos de esta plaza, la fuente y el pedestal de la estatua de Pizarro están realizados también con bloques graníticos.

Plaza Mayor de Trujillo
En la ciudad de Badajoz, los núcleos de extracción de materiales graníticos hay que buscarlos en los macizos de Mérida, Barcarrota, Olivenza y Villar del Rey; la iglesia de la Soledad, de Santo Domingo, el convento de las Clarisas Descalzas, la casa de los Morales son monumentos construidos en una gran parte con materiales graníticos. La torre de la Catedral de Badajoz está realizada con sillares de granito y mampostería de ladrillo.
Los mármoles de Alconera han suministrado también material a varios monumentos de Zafra, Jerez de los Caballeros, así como de Sevilla e Itálica. Un ejemplo de ello lo constituye el Palacio de los Duques de Feria en Zafra, en los que toda la columnata, escaleras y suelos del patio interior están realizados con mármoles blancos veteados de esta zona.
En la construcción de la muralla y catedral de Plasencia se utilizaron los granitos autóctonos de la zona. Para los sillares se explotó un granito homogéneo de grano fino mientras que para la ornamentación de los elementos decorativos se empleó un leucogranito aplítico muy deleznable.
Estas rocas graníticas siempre se utilizaron como piedras de cantería en puentes, castillos, casas solariegas, iglesias, etc., pero nunca como rocas ornamentales pulimentadas sino hasta fechas muy recientes. Materiales rocosos menos “nobles” han sido, como se ha apuntado anteriormente, utilizados en la construcción de diversas obras públicas y privadas, generalmente gracias a su proximidad a las construcciones, como las calizas marmóreas próximas a Badajoz con las que se construyó el talud exterior del baluarte de la ciudad, o como las cuarcitas y areniscas del monumental monasterio mudéjar de Guadalupe, procedentes de las sierras de Las Villuercas, o como las pizarras negras de las alquerías hurdanas.

Sería imposible en este breve trabajo introductorio hacer un inventario detallado de todos los materiales utilizados en la construcción de las viviendas y en los monumentos de las ciudades y pueblos de Extremadura dado el amplísimo repertorio de obras maestras con que cuenta la región. Para conocerlas se sugiere al lector que recorra las comarcas extremeñas, sin duda en su periplo quedará maravillado por la belleza y singularidad de sus pueblos, monumentos, ciudades o de sus paisajes rocosos.

El castillo árabe y el pueblo de Capilla situados sobre un potente crestón de cuarcitas


18 de octubre de 2008

AGRESIONES A LA VÍA DE LA PLATA


Selección de imágenes, con atentados y disparates, realizadas a lo largo de la calzada romana llamada "Vía de la Plata", declarada Bien de Interés Cultural (B.I.C.) por la Junta de Extremadura.

© Copyright JUAN GIL MONTES 2008

El "Iter ab Emerita Asturicam", conocido popularmente como “Vía de la Plata” es, junto con la Vía Augusta, la calzada romana más importante de la Península Ibérica. La Vía de la Plata fue la columna en torno a la cual se vertebraron las comunicaciones en la parte occidental de Hispania desde la época romana hasta la Edad Moderna. Construida, en origen, como vía militar en época de Julio César, con la fundación de las colonias de Norba Caesarina y Augusta Emerita adquirirá un nuevo sentido, poniéndose al servicio de los intereses económicos de la administración romana. Actualmente, sus cada vez más escasos vestigios, van desapareciendo por la incuria de los vándalos y la indiferencia de los responsables de las instituciones encargados de su conservación.

Puente romano de la Vía de la Plata sobre el río Guadiana. Mérida (Badajoz)

Reconstrucción de la calzada con materiales modernos y señalización inadecuada.
Ciudad de Cáceres.

Transformador eléctrico situado sobre el firme de la calzada.
Puerto de los Castaños (Cañaveral)


Torre del tendido eléctrico ubicada sobre el lomo pétreo de la Vía de la Plata (Garrovillas de Alconétar)

La calzada destrozada por las labores agrícolas cerca de Mirandilla (Badajoz)
La calzada señalizada por la Junta de Extremadura y arada con tractor en las cercanías de la carretera nacional 630, cerca de Aldea del Cano (Cáceres)

Tractorista arando sobre el empedrado de la calzada romana a las puertas de Mérida

La Vía de la Plata empedrada con grandes losas ocultando su firme primitivo .
Baños de Montemayor (Cáceres) (ICONA 1973)
Miliario arrojado a un vertedero en Casar de Cáceres

Miliario arrojado al río Guadiana en Mérida

Dos miliarios abandonados en las proximidades de la calzada.
(Garrovillas de Alconétar)

Varios miliarios en las cercanías de Carcaboso (Cáceres)
Miliario arrojado junto a una carretera y que no tardará en desaparecer
Miliario recogido en las caballerizas de El Trasquilón (Cáceres)
Miliario excavado y cubierto de basura dentro de una cochiquera.
Carcaboso (Cáceres)

Vertido de escombros sobre el firme de la calzada al sur de Cáceres

El antiguo firme de la calzada eliminado con máquina excavadora para reparar otro camino cercano

La Vía de la Plata cortada por la alambrada colocada por un particular de Casar de Cáceres
Moteros sobre la Vía de la Plata en CaparraMoto cross sobre la calzada romana, señalizada por la Junta de Extremadura en Valdesalor (Cáceres)
La calzada arada con un tractor a lo largo de la finca de Santiago de Bencaliz (Cáceres)
La Vía de la Plata-Camino de Santiago cortada por las obras del AVE
La Vía de la Plata destrozada por las obras del AVE (Octubre 2011)


El Miliario "correo" MP-XXVIII de Santiago de Bencáliz golpeado con un martillo



RÉQUIEM POR LA VÍA DE LA PLATA EN CÁCERES

En los últimos tiempos todo el mundo especula en Cáceres sobre la Vía de la Plata, como si fuera una entelequia, porque muy pocos saben por dónde discurre exactamente su trazado. Algunos sí saben que existió, al menos, desde hace unos dos mil años, que la trazaron los ingenieros romanos durante las guerras contra los cántabros y astures y que los árabes la bautizaron como “al-Balata”. Durante la Reconquista fue frecuentada por los ejércitos leoneses que raziaban al-Andalus, más tarde por los arrieros y el ganado trashumante, por los peregrinos que iban a Santiago y por los extremeños que embarcaban en Sevilla camino de Las Indias.

Pero en estos tiempos de autovías y trenes de alta velocidad, vemos como La Calzada va desapareciendo lenta e inexorablemente sin dejar el menor rastro, a pesar del interés de nuestros políticos por obtener dineros europeos para salvarla restaurando palacios, ermitas, castillos y centros de interpretación relacionados con tan histórica vía de comunicación.

El casco urbano de Cáceres está creciendo rápidamente por todos lados, fagocitando con insaciable apetito cuevas prehistóricas, villas romanas, presas, molinos, caminos de herradura y cañadas ganaderas que sin duda parece que no interesan ya a casi nadie. La misma suerte está corriendo nuestra cenicienta la Vía de la Plata, de la que pronto podrá decirse que “entre todos la mataron y ella sola se murió”.

Cuando se construyó la barriada de la Charca Musia, las ilegales naves industriales se levantaron como hongos sobre las huellas de los que por Valtravieso venían de la Augusta Emerita buscando las caudalosas fuentes de Castra Caecilia.

¿Cuántos cansados caminantes, con sus recuas y sus ganados, saciaron su sed durante siglos en el rebosadero natural de El Calerizo, origen de nuestra ciudad?, convertido hoy en una inmunda charca inundada de ruedas de coches, latas de aceite pesado y basuras de todo tipo semiocultas en el fango.

¿Y qué fue de la cantarina Rivera del Marco que surgía de estas fuentes y que discurriendo paralela a La Calzada, regaba huertas, molía trigos y abastecía de agua los barrios aledaños de la ciudad?.

Por la Ronda de San Francisco, La Calzada ascendía al recinto amurallado de la Ciudad Monumental y descendía por Santiago y por San Blas, haciendo después el camino del Tajo al atravesar los Muelos del Casar. En su trayecto norte La Calzada apenas conserva a lo largo de varias millas un rastro de piedras y arenas, dispersas hoy por las labores agrícolas de siglos, pero impone respeto e impresiona sentir los pasos de todos los que pisaron esta vieja senda.

En la cerca de Campofrío han entrado ya las excavadoras, las grandes bulldozer y las máquinas caterpiller que arrastran todo lo que encuentran a su paso. Los conductores no entienden de piedras milenarias, a los constructores tampoco les interesan, a los especuladores menos y los informes arqueológicos consultados no aclaran nada a pesar que nuestra Universidad cuenta con los más modernos métodos de fotointerpretación aérea, SIG y GPS.
Las obras de la ronda norte de la Ciudad Patrimonio de la Humanidad destrozarán, si Dios no lo remedia, lo poco que quede en esta zona del leve rastro dejado por nuestros ancestros. Despierten nuestras conciencias y hagamos algo, que no sea Cáceres el único lugar donde se interrumpe tan largo y milenario recorrido, nuestros descendientes nos lo agradecerán.

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«En el camino que se ha descubierto en Cáceres está la vía romana de la Plata»


http://www.hoy.es/prensa/20070324/caceres/camino-descubierto-caceres-esta_20070324.html


ISAAC MORENO GALLO, experto europeo en calzadas romanas:
«Ahora que está con las tripas al aire es una buena oportunidad para estudiar la calzada, pero se va a perder», afirma el autor de 'Vías romanas: Ingeniería y técnica constructiva'


Hace varios meses comenzaron unas obras en la zona de la Ronda de San Francisco, para unir el saneamiento de la futura urbanización Vistahermosa al colector general de la Ronda de San Francisco. Las obras han dejado al descubierto un camino antiguo debajo del asfalto de la calle Almonte, que es prolongación de la Ronda de San Francisco, lo que obligó a paralizar las obras para analizar el valor del hallazgo.

El pasado 13 de marzo Hipólito Collado, jefe de la sección de Arqueología de la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura, indicó al Diario HOY que lo que se había encontrado era el lateral de un camino histórico, «pero más que la calzada romana, creo que es un camino medieval del siglo XVI». Añadió que el camino estaba muy mal conservado y que la obra continuará tras documentar bien el hallazgo.
Unos días después, el pasado domingo 18 de marzo, lo que se dio en bautizar como «camino histórico» fue visitado por miembros de la Asociación Amigos de la Vía de la Plata de Extremadura, que llevaron a este lugar a Isaac Moreno, al que consideran como uno de los mayores expertos europeos en calzadas romanas.

Calzada romana

Isaac Moreno ha estudiado los restos hallados bajo el asfalto en Cáceres, y no tiene dudas sobre su gran valor: «Ahí hay una vía romana, y va a ser la Vía de la Plata porque tiene la misma estructura que tiene la Vía de la Plata en otros tramos».
Isaac Moreno, ingeniero técnico de Obras Públicas que trabaja en la Demarcación de Carreteras del Estado en Aragón, ha estudiado las vías romanas en Italia, Francia, Suiza y España. Organiza congresos sobre obras públicas romanas y es el autor del libro «Vías romanas: Ingeniería y técnica constructiva» editado por el Ministerio de Fomento.
Para Isaac Moreno ahora había que aprovechar la suerte de haber encontrado la calzada romana para hacer un estudio en profundidad. «Ahora que tiene las tripas al aire -dice-, es una buena oportunidad para estudiar la calzada; pero esa oportunidad se va a perder porque estos restos deben ser analizados por gente que sabe de caminos antiguos, y los que la están estudiando seguramente no saben».
Señala que los arqueólogos no estudian bien esta materia en su carrera. Isaac Moreno critica que muchos arqueólogos consideran erróneamente que las vías romanas tienen losas en la superficie. Él recalca que las losas y adoquinados en superficie sólo se usaban en las calles de las ciudades. En la parte superior de las calzadas había zahorra natural de canto rodado muy fino que favorecía la pisada del caballo, recordando que los romanos no usaban ni conocían la herradura.
Moreno no quiere entrar en la discusión sobre si debe o no seguir la obra en la Ronda de San Francisco, «seguramente se tenga que poner el colector, pero antes habría que estudiar bien esta calzada, porque es una oportunidad que no se debería perder».

Más pruebas

La Asociación Amigos de la Vía de la Plata de Extremadura comenta que hay pruebas que señalan que el camino descubierto es la Vía de la Plata. Afirma que en la barriada de la Charca Musia, en la calle Océano Atlántico, hay restos de calzada romana que enlazan en línea recta con la ahora descubierta.

Dice que el camino que discurre por la Ronda de San Francisco siempre se ha llamado el Camino de Mérida o de Valtravieso; que hay un topónimo del Arroyo de Plata que desemboca en la Charca del Marco; y que detrás de la Casa-museo Pedrilla, sobre la Ribera del Marco se encontró hace unos años un miliario romano que luego desapareció.

Explica que la caudalosa Fuente del Marco (marco por el miliario que marcaba la zona), con un caudal de más de 90 litros por segundo en verano, era paso obligado para los usuarios de la calzada. Añade que otra prueba es que los romanos enterraban a sus muertos junto a las calzadas, a la salida de la ciudades, y en la actual Ronda de San Francisco y en el Espíritu Santo se encontraron numerosas inscripcionesfunerarias romanas, una de ellas de mármol del soldado romano Quinto Pomponio. Y que cuando se construyó el colegio Donoso Cortés, en la ronda de San Francisco, apareció un cementerio romano de nichos (columbario) en donde se colocaban las urnas cinerarias.
(Sábado 24 de marzo de 2007)


La importancia de la calzada hallada junto a la Iglesia

de Santiago obliga a paralizar la obra


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Plazuela de Santiago de Cáceres, una y cuarto de la tarde. Seis personas miran hacia el mismo sitio, un agujero en el suelo rodeado de vallas. Ex profeso para ellos, alguien ha levantado los tablones que tapaban el hueco, para que puedan ver con detalle lo que se oculta al público. ¿Y qué hay ahí dentro, qué es lo que reúne en torno a un agujero en el suelo a seis hombres, casi todos vestidos con chaqueta, entre ellos un concejal, varios técnicos municipales y un arqueólogo de la Junta de Extremadura?.
Una parte de la respuesta ya la publicó HOY en su edición de ayer. Lo que ha aparecido es lo que queda de una calzada romana, muy probablemente un tramo de la Vía de la Plata a su paso por la ciudad. Es lo que creen varios expertos, y la hipótesis principal con la que trabajan los especialistas de la Consejería de Cultura, Turismo y Patrimonio. El gobierno autonómico sólo confirma que se están estudiando los restos, y emplaza a los próximos días para ampliar la información.
Como suele ocurrir, el hallazgo ha sido casual. En las traseras de la iglesia de Santiago, varios operarios trabajaban en las obras para habilitar el espacio suficiente como para soterrar varios contenedores, conforme a lo establecido para la Ciudad Monumental, donde la basura duerme bajo tierra, más que nada por cuestiones estéticas. Se trata, pues, de una obra municipal, y por tanto, el concejal responsable en la materia está al tanto de la novedad. «Se ha constatado que con mucha probabilidad, se trata de una calzada romana, y habrá que cambiar la ubicación prevista para los contenedores», confirma Miguel López, edil de Obras y uno de los que ayer visitó el lugar.
Eso significaría estar ante la primera evidencia de este tipo en la ciudad. Hay vestigios de este camino a las afueras, por ejemplo en Valdesalor o en Casar de Cáceres, pero ninguna en la capital. En marzo del año 2007, las labores para dotar de red de saneamiento a la urbanización Vistahermosa sacaron a la luz uno similar al de ahora en Santiago. Los especialistas de la Junta determinaron que era de la Edad Media, una contestación que contradecía el criterio de Isaac Moreno, un experto en infraestructuras romanas que visitó Cáceres para ver los restos, invitado por la Asociación de Amigos de Vía de la Plata. Él, ingeniero de Obras Públicas, que ha estudiado estas infraestructuras en España, Francia, Italia y Suiza, autor del ensayo ‘Vías romanas: Ingeniería y Técnica constructiva’ (editado por el Ministerio de Fomento), no tuvo duda: «son las tripas de la Vía de la Plata», aseguró. El gobierno regional no lo valoró de igual forma, y tras varios meses al descubierto, esas piedras históricas fueron tapadas.
Ahora, en la plazuela de Santiago, se vislumbra un final distinto. «Parece claro que es una calzada romana, y lo que hay que confirmar es que se trata de la Vía de la Plata», anticipa Miguel López. Para ello, continuarán las excavaciones, que tienen como objetivo obtener más datos arqueológicos, evidencias que permitan aclarar con exactitud si corresponde a un tramo del histórico trazado entre Mérida y Astorga. Por tener una referencia, los restos hallados presentan algunas diferencias respecto a la calzada romana que se puede ver en Mérida, en el edificio de las consejerías. La que ha aparecido en Cáceres es más imperfecta, más propia de las que se localizaban a las afueras de las urbes que en su interior, y según las primeras estimaciones, tuvo uso hasta el año 1300, aproximadamente.
Junto a las piedras han aparecido también restos humanos, entre ellos un cráneo, aunque este tipo de vestigios no tienen mayor importancia. Su origen es conocido: enterramientos que se solían hacer cerca de los templos religiosos, en este caso junto a la iglesia de Santiago.
La importancia del hallazgo ha obligado al Consistorio a cambiar sus planes sobre la ubicación de los contenedores soterrados, que tendrán que desplazarse unos pocos metros, hasta quedar frente al palacio de Godoy.
No muy lejos de allí, en la plaza de la Soledad, junto a la ermita de Santa Clara, también aparecieron hace unos días unos restos arqueológicos, durante una obra de Iberdrola. En este caso, sin embargo, su valor es mínimo. Eran ruinas de una antigua vivienda sin trascendencia histórica alguna. Tanto es así que han sido tapados y la obra continúa a su ritmo. A este segundo hueco no se asomó ayer nadie vestido con chaqueta.
Juan Gil, Geólogo, | Pte. Asociación Amigos de la Vía de la Plata:
«¿Y qué otra cosa va a ser sino la Vía de la Plata?», se pregunta Juan Gil Montes, geólogo y presidente de la Asociación de Amigos de la Vía de la Plata de Cáceres. Y lo dice con datos en la mano. A bote pronto, cita tres argumentos sólidos que apoyan que los restos hallados en la plazuela de Santiago pertenecen a ese histórico trazado de la época romana. El primero es que se trata de un camino de seis metros de ancho, «o sea, veinte pies, que es la anchura de la Vía de la Plata», ilustra el experto.
El segundo argumento es la ubicación. «La Orden de Santiago -explica Juan Gil- ya dejó escrito en su ‘Bularium’, una especie de libro en el que recopilaban sus obras, que la iglesia de Santiago se construyó ‘ripa calzatam’, es decir, cerca de la calzada». De hecho, la Vía de la Plata entraba en Cáceres por Charca Musia, seguía por la ronda de San Francisco, el puente de San Francisco y la calle Miralrío, continuaba por el aljibe, la calle Caleros y llega a la altura de la iglesia de Santiago, la auténtica referencia para los peregrinos que llegan a la ciudad. Después continuaba por la calle Sande hasta la ermita de San Blas, luego el cementerio y sigue en línea recta hasta Casar de Cáceres.
Por su anchura, por su ubicación y por lo que dice el ‘Bularium’ de la Orden de Santiago, Juan Gil no tiene dudas de que se trata de la Vía de la Plata. «Al estar en un lugar tan transitado, será difícil que pueda hacerse algo para que quede expuesta al público -razona-, es más probable que la acaben volviendo a tapar, pero sería muy positivo que la estudiaran bien, con detalle, que quedara claro que se trata de la Vía de la Plata y que quedara constancia de su existencia, con fotos e imágenes».
(Cáceres, 27 de Febrero de 2009)

Fuente: DIARIO HOY, Edición digital.

http://www.hoy.es/20090227/caceres/importancia-calzada-hallada-junto-20090227.html

La Junta termina la investigación en el yacimiento después de tres meses y medio con la excavación abierta, que volverá a taparse.


Se confirma que los restos arqueológicos hallados en Santiago son la calzada romana
Estado de las obras del yacimiento de la Plaza de Santiago, donde se ha encontrado el tramo de la calzada romana.
Confirmado. Los restos arqueológicos hallados en la Plaza de Santiago se corresponden con un tramo la calzada romana y se puede datar en el siglo I después de Cristo. Son las conclusiones de la investigación llevada cabo en los últimos tres meses, desde que se descubrieron los primeros restos a finales de febrero en las obras municipales de ampliación de una batería de contenedores soterrados. Una vez terminado el estudio y la catalogación de lo que se ha encontrado, el tramo de calzada volverá a ser enterrada ya que no se considera viable poner al descubierto el hallazgo para su contemplación por el público.
Según ha podido saber este periódico, el estudio arqueológico llevado a cabo por la Junta de Extremadura ha terminado ya y entre sus conclusiones se apunta que, en efecto, bajo el pavimento de la plazuela trasera de la iglesia de Santiago se encuentra una calzada romana, aunque el estudio no se atreve a identificarla concretamente con la denominada Vía de la Plata. Sí considera que es una calzada y que es romana, probablemente del siglo I ya que en esa época se pueden datar los objetos encontrados al margen de la base de piedra que conforma la propia calzada. Han sido hallados pequeños objetos, como vasijas, identificados en la etapa romana. Asimismo se han encontrado también restos humanos, huesos y cráneos, pero en este caso se trata de enterramientos medievales, del siglo XIII, algo que no reviste mayor importancia ya que es conocido que los alrededores de los templos eran utilizados para los entierros.
La importancia del hallazgo reside, pues, en la identificación del histórico camino romano, que la asociación cacereña de Amigos de la Vía de la Plata no tiene reparos en identificarlo como perteneciente a tal vía. «¿Qué otra cosa va ser sino la Vía de la Plata?», afirma Juan Gil Montes, geólogo y presidente de este colectivo que señala que no puede ser otra cosa que tal camino por la ubicación de los restos en el entorno de Santiago, un templo que se construyó sobre la Vía de la Plata, según consta documentalmente. Además, hay que tener en cuenta que este punto es parte del trazado documentado de la vía romana que unía Mérida con Astorga, que entraba en la ciudad por la Charca Musia y salía hacia la carretera de Casar de Cáceres, tras pasar por la ciudad. En todo caso, el estudio arqueológico tan solo se atreve a barajar que se trata de un camino de la época romana y que se extiende hasta donde está la iglesia de Santiago.

Hipótesis:
Precisamente, con la hipótesis de que se trataba de la calzada romana, los arqueólogos de la Dirección General de Patrimonio de la Junta de Extremadura decidieron iniciar el estudio tras paralizar la obra que estaba realizando el Ayuntamiento a finales del pasado mes de febrero, obra consistente en la instalación de una nueva batería de contenedores soterrados en la Plazuela de Santiago. Los primeros restos, consistentes en unas capas con piedras, fueron etiquetados para determinar si se trataba del pavimento de la calzada. Después, con la colaboración de los operarios de obras del propio Ayuntamiento, los expertos han seguido excavando y ampliando la cavidad abierta en principio para la obra de los contenedores. El estudio se ha prolongado por espacio de más de tres meses, aunque el Ayuntamiento estaba interesado desde el principio en poder cerrar esta obra antes de llegar la Semana Santa. Sin embargo, los estudios continuaron hasta ahora y en breve podrá cerrarse la excavación para restituir el firme a la plazuela de Santiago.
En principio, ni la Junta ni el Ayuntamiento consideran viable poner en valor este hallazgo por su interferencia con el propio desarrollo del tránsito urbano en la plazuela. No obstante, sí se ha considerado necesario datar y catalogar lo encontrado como base científica ya que lo interesante de este descubrimiento viene determinado por el hecho de que la calzada romana presenta vestigios visibles cerca de la ciudad, como en Valdesalor o en Casar de Cáceres, en total 40 kilómetros dentro del término municipal cacereño, pero no dentro del casco urbano, donde hay 5 kilómetros.
Sí es sabido por dónde discurría y el entorno de Santiago es emblemático al constituir después, con el paso de los siglos, la base del Camino de Santiago para los peregrinos mozárabes, según señala Juan Gil Montes, que da cuenta del trazado: al sur de Cáceres, en las cercanías del campamento militar de Santa Ana, se encuentran varios tramos de calzada perfectamente conservados. Más adelante la vía enfila recta hacia la Puerta de Mérida de la ciudad monumental hasta la Charca Musia, donde desaparece bajo la calle Océano Atlántico.

Trazado:
La calzada sigue en línea recta por el campo próximo a la ermita del Espíritu Santo hasta alcanzar la caudalosa Fuente del Marco; continúa desde aquí paralela a la Ribera del Marco, confundiéndose con la actual Ronda de San Francisco. Sigue por la calle Mira al Río que conduce al Arco del Cristo. Una derivación de la calzada se dirigía hacia la Puerta de Mérida desde el puente de San Francisco, y otra penetraba a través de la Puerta del Cristo en el recinto amurallado de la ciudad monumental para salir por la Puerta de Coria. El camino principal, sin embargo, bordearía las murallas para llegar a la Plaza de Santiago a través de Caleros.
«Precisamente, la monumental iglesia de Santiago -explica Gil Montes- se construyó extramuros de la ciudad y sobre la Vía de la Plata, 'ripa calzatam', según reza en el Bularium de la Orden Militar de Santiago, orden creada en esta iglesia en el año 1170 por el rey Fernando II de León, que encargó a un grupo de trece caballeros, conocidos como Los Fratres o Caballeros de Cáceres, la defensa de la ciudad y la protección de los peregrinos mozárabes que hacían el Camino de Santiago por la Vía de la Plata».

(Cáceres, 11 de Junio de 2009)

Fuente: DIARIO HOY, Edición digital.

http://www.hoy.es/20090611/caceres/confirma-restos-arqueologicos-hallados-20090610.html
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